Dante, Virgilio, Javier Segura y el electricista

Un encuentro singular en la plaza Italia de la Ciudad de Mendoza.


Me tomé un recreo del trabajo y me fui a sentar a la plaza Italia. Antes de encontrar un banco, vi gente trabajando en la fuente central de la hermosa plaza. Se insinuaba una estructura de forma espiralada, quizá un torbellino o remolino. Encuentro lugar para sentarse y en eso se acerca, también curioso de la obra, el multifacético artista Javier Segura, en bicicleta. Nos saludamos y vemos a uno de los trabajadores y el Javier le pregunta: «Maestro, ¿sabe qué están haciendo?». «Sí, por supuesto –responde un hombre joven con mameluco azul­–. Es una escena de la Divina Comedia, de Dante, cuando Virgilio y él están a la puerta del Infierno», etc., etc.

Y el hombre nos explica con lujo de detalles a qué parte de la Divina Comedia aludirá la escultura en la que están trabajando. El Javier le pregunta si él es el escultor y responde que no, que es uno de los electricistas de la obra, pero que cuando se enteró que le tocaba trabajar ahí, releyó la Divina Comedia, que había estudiado en el secundario. Y nos siguió instruyendo. El Javier finalizó el intercambio con un «algo sabía del alma humana ese señor», en referencia, obvio, a Dante.

Al día siguiente, recordé un poema de Martín Gambarotta:


Por empezar
un electricista no es un electricista
sino un hombre que trabaja de electricista
aunque por la noche piense
que sus venas son cables
que transmiten watt residuales
del trabajo diario.


Mendoza, 1 de noviembre de 2022