Categoría: Literatura

  • «Donde habitan las luciérnagas»

    Sobre el libro Donde habitan las luciérnagas, de Pilar Piñeyrúa. Prólogo de Sayri Karp. Mendoza, Grito Manso, serie Ruido blanco, 2022.

    Foto: P.P., tomada de Kalewche Semanario.

    Creo que el pilar de este libro, lo que lo origina, lo sostiene, lo impulsa y lo centra, es la memoria. No es este un gran hallazgo. En la primera parte, la expresión “me acuerdo que” hilvana los poemas y nos lleva al pasado, la infancia, la juventud, la historia. Ya sabemos, porque la autora lo anuncia, que vamos a ingresar en el ámbito del tiempo. Del tiempo pasado.

    Esa repetición, “me acuerdo que”, baja a la inmediatez lo recordado. Podría haber escrito “recuerdo que”, más literario si se quiere. Prefirió el “me acuerdo”, absolutamente coloquial, cercano. Primera puerta abierta al lector: son textos de lectura transparente, aunque de significado denso, iluminador algunas veces, metafórico o borroso en otras. Borrosa es a veces la memoria; otras veces, la memoria nos aclara todo. Y otras, la memoria nos contiene, nos impulsa y de algún modo nos salva.

    Veamos algunos textos:

    “Me acuerdo que yo quería vivir en una casa con fondo y no en el centro”.

    “Me acuerdo de las mesas de mi casa. En las más grandes, yo jugaba a las casitas y me metía allí para no comer y no hablar y escuchar”.

    “Me acuerdo que solo había una marca de crema de enjuague”.

    “Me acuerdo cuando seleccionaron niñas para el coro. Apenas canté “Ooo…” me dijeron que me fuera”.

    “Me acuerdo de hacer la estrella de cinco puntas de tupamaros en el pizarrón de la escuela y que la maestra nos retó”.

    “Me acuerdo que llegaban cadáveres a las playas. Me acuerdo de saber que no eran marineros chinos caídos de un barco, como decían los diarios”.

    La prologuista, Sayri Karp, señala que estos textos forman parte, cito, “de esta lucha por mantener viva la memoria colectiva para no repetir el horror; estos textos son un homenaje a la pulsión de vida cuyo poder nos otorga la capacidad de resiliencia para recuperarnos y seguir construyéndonos a pesar del dolor que contamina los momentos radiantes y felices”.

    Coincido con la prologuista, pero creo que aunque se puede señalar a la memoria como motor del conjunto, la lectura no debe limitarse a esa vía principal de interpretación. La alternancia entre afirmación y sugerencia abre la lectura a otras posibilidades menos unificadoras de sentido. Me gustaría pensar la memoria como punto de partida más que de llegada.

    Otro valor de la buena poesía, o al menos de lo que yo considero buena poesía, es su capacidad de síntesis, de condensación. “Me acuerdo que solo había una marca de crema de enjuague”. Acá se están diciendo muchas cosas. Por ejemplo, que hubo una era premarketing, con todo lo que la palabra marketing anuncia. Yo leo esta frase como una actualización del motivo de la edad de oro, del paraíso perdido, cuando no hacían falta tantas cosas para vivir, para lavarse el pelo y además suavizarlo con crema. Pensemos también que la crema de enjuague es la  coronación y culminación del lavado de cabeza. Antes había una sola forma generalizada de lavarse (y lavarnos) la cabeza (y las manos). Ahora hay muchas.

    “Me acuerdo que llegaban cadáveres a las playas. Me acuerdo de saber que no eran marineros chinos caídos de un barco, como decían los diarios”.

    Es decir, no todo es lo que parece o la historia que te contaron no es lo que realmente ocurrió. Es que la poesía es otra versión de los hechos.

    “Me acuerdo que yo quería vivir en una casa con fondo y no en el centro”.

    Acá aparece, como en buena parte del libro, la infancia como origen o motor del deseo, la infancia como modelizadora de la experiencia. Y aquí la memoria viene además a reivindicar ese deseo de algo que no se cumple, pero que la memoria registra, sostiene y mantiene en estado de deseo.

    La repetición, y en este caso con la frase “me acuerdo que”, contagia. El “me acuerdo” nos invita a pensar de qué nos acordamos, nos pone a recordar y a recordarnos.

    La presencia de formas breves como jaicus abre el sendero estético, si vale la expresión, a otras posibilidades poéticas o creativas. Esto, si entendemos la poesía como algo que “se hace” y que “se está haciendo”, no como mera contemplación o registro escrito de experiencias. En este sentido, esta primera obra lírica de Pilar Piñeyrúa nos anuncia nuevas búsquedas, nuevas propuestas y nuevos caminos.

    El libro propone un derrotero, un cambio de tono de lo simple a lo más complejo por un lado y de lo directo a lo sugerente a la vez. Una suerte de vaivén de lo inmediato a lo simbólico. Creo que ese es el ritmo de sentido que logra, más allá o incluyendo las cuestiones formales de si se trata de prosa breve, versos como jaicus o prosa un poco más extensa.

    La desnudez de la dicción poco a poco se va ataviando de hechos, de experiencias, de señalamientos, de imágenes, de valoraciones. Es un movimiento desde la pincelada luminosa al discurso, que muestra claroscuros. Que avanza, desarrolla, regresa a la brevedad para detenerse o hacer una pausa o reflexionar, y sigue avanzando, y vuelve a afirmar.

    Donde habitan las luciérnagas echa luz al pasado, a la historia. Una luz intermitente, azarosa o impredecible, pero luz al fin. Cuando tenemos la suerte de ver luciérnagas, es imposible saber en qué lugar y cuándo se encenderá la siguiente. Y cuando, en determinado momento, las luciérnagas se apagan, se van, adonde habitan o adonde mueren,  quedamos, de cualquier modo, agradecidos.

    No he dado cuenta ni de manera mínima de este aparentemente pequeño volumen. La poesía tiene esa virtud y esa contradicción: alimenta y rara vez sacia. Contagia, ilumina, nos empuja siempre a más. La poesía no se acaba, pienso, porque responde al ritmo de la vida, y cuando aún la vida se termina o se trunca o queda en suspenso, la poesía sigue desafiándonos.

    Correlato o registro de intensidad, fusión de azar y necesidad, la poesía –como el amor, como la justicia– es un llamado para el que deberíamos estar siempre disponibles.

    Las luciérnagas habitan en la imaginación. En esta obra la imaginación se apuntala en la memoria situada e histórica, y nos impele a no renunciar a la posibilidad de otro mundo.

    J. L. febrero de 2023

  • Vivir para afuera

    Usos y fines de las redes sociales, a raíz de un cuento de Daniel Potaschner

    Lo que hace unos años requería todo un trabajo de búsqueda, investigación, discreción e inteligencia, hoy, gracias a las redes sociales, está al alcance de la mano: saber en qué andan las otras personas. Todas o muchas cuentan (contamos), sin que nadie necesariamente tenga interés ni lo pida, su vida. Escancian su biografía en posteos diarios, semanales, mensuales. A veces, no pocas, tomarse una foto durante un encuentro en persona o durante un viaje funge como gesto cuasi notarial: si no hubo foto, no ocurrió. Si no “subimos” ni compartimos la foto, tampoco. Otras veces, una foto puede servir para mentir, como cuando un padre, por ejemplo, lleva a su hija al parque, y no le presta atención en lo más mínimo: mientras la pequeña reclama la compañía del  “adulto”, él se la pasa boludeando con su celular. Pero, eso sí, antes de regresar, se saca una foto con ella, la comparte y queda como un buen padre. De esto último habla “Alegría almacenada”, uno de los cuentos del libro Un saludito para todos los que me conocen, de Daniel Potaschner, con prólogo de Eduardo Sacheri, publicado por la EDIUNC en 2022. Se consigue en

    https://ediunc.uncuyo.edu.ar/

  • «Artefacto de intimidad»

    El proyecto de una artista plástica que deviene poesía. Sobre el libro Refugios, de Milena Venturini (2023, Córdoba: Cielo Invertido Ediciones).

    Umbral

    Voluntad, vocación, búsqueda de belleza. Todas las personas tenemos, más o menos desarrolladas, estas capacidades, en todos los ámbitos, con todos los matices. Por qué buscar la belleza. Por qué, además, componer, en vez de horror y odio (tan cotidianos), mensajes y objetos de conciencia, paz, consuelo (a veces, tan escasos). Por qué ofrecer un refugio ante el desamparo, en el caso de esta obra, en el caos de la pandemia. La paradoja de encerrarnos para conservar la vida. De la soledad originaria que impuso el COVID-19 a un libro-proyecto-objeto que reúne los refugios que muchas personas debieron y pudieron levantar. Crear.

    El libro, los libros, nacieron, y siguen naciendo, las más de las veces, para entregar belleza, sosiego y pensamiento. Los libros, transmisores de labores humanas, conservadores de memoria y andamios de todo futuro. Tenemos en Refugios a una autora, entonces, que confluye en una editorial especializada en fabricar objetos preciosos, lo que se dice crear, otra vez, belleza. Ocurre que hay gente que sigue pensando que a los libros los trae la cigüeña o que nacen de un repollo. Pues no, no existe autoría sin editor/a. Los libros no se escriben, los libros se editan y se publican. Y hay editoriales y editoriales. La tensión va de las horribles a las notables. En esta última estamos.

    Sí, todo libro es un objeto, pero hay libros-objeto porque su factura es más expresiva, ostensiva, que la de los libros comunes. Llamamos libro común al que puede encontrarse amontonado junto a otros en la batea de un supermercado. Pero no, este libro tiene tapa dura, tela, título en bajorrelieve, la palabra Refugios, negro bajo negro y sobre negro. Lomo e interiores cosidos, guardas en tapas, contratapas y retiros, lo único en color de todo el objeto libro.

    Textos pedidos por Instagram en plena pandemia, junto con fotos, que se transforman en grabados, y las palabras se vuelcan con tipos móviles: artesanías ancestrales, actualizadas. Todas estas, especialidades de la notable editorial cordobesa Cielo Invertido, de catálogo exquisito, que parece bautizar nada menos que Luis Alberto Spinetta (Cielo invertido, canción del disco Don Lucero (1989): «todo crece transparente desde el suelo/ Cielo invertido/ amarte así en silencio ayuda más»). Más técnica, la editorial describe la obra en su espacio de internet: «20 grabados y 20 afiches letterpress sobre los refugios en épocas de aislamiento. Tapas duras y enteladas, estampado bajorrelieve, encuadernación artesanal de Furia Ediciones». Las editoras responsables son Flavia Rojas y Dolores González Montbrun.

    Apertura

    Así se presenta Milena Venturini en la red: «Artista plástica y grabadora. Tengo un taller de grabado en el centro de Córdoba donde dicto clases e imprimo proyectos».

    En el texto introductorio de Refugios, titulado Una reserva de vida, Gabriel F. Gutnisky consigna: «Las imágenes simples y despojadas de una mesa vacía, de una ventana con las cortinas cerradas, de una puerta entreabierta frente a una reja cerrada –entre otras– se “humanizaron”, hicieron ver al sujeto que estaba detrás de ellas, porque cobraron intensidad o sentido en su vulnerable aislación».

    Intensidad. Todo el volumen exuda intensidad, pequeño formato, concentración de códigos, obra en colaboración, laborar con otros seres.

    Sigue GFG: «Así los percibió Milena Venturini que, en una respuesta emocional a la información recibida, tomó y transformó esas fotos en dibujos esquematizados que luego caló con una trincheta (¿otro indicador de la ausencia?) y finalmente grabó mediante la técnica de la xilografía, condensando de esta manera un largo proceso de trabajo y entendimiento sensible que derivó en este libro».

    En el segundo texto introductorio, titulado Mapa del habitar, Venturini –autora-facilitadora-diseñadora grabadora– señala: «Dos mil veinte, año Dos mil veinte. Año que modificó nuestras vidas profundamente debido a una crisis sanitaria sin precedentes. Marzo, Fase 1, noticias desoladoras, angustia, evidente, precariedad y aislamiento. (…) Dos mil veintidós. Así surge la idea de un libro como un artefacto de intimidad que consigue preservar, ya no virtual sino materialmente, un nuevo refugio, una casa hecha de papel, tinta, madera y tiempo. Un refugio para los refugios».

    Didáctica, Venturini explica: «Utilizando la plataforma de Instagram, hice una invitación: sacar una foto del espacio que más habitaban y relatos que lo acompañaran. Para mi sorpresa, por día me llegaban muchos refugios de personas conocidas y desconocidas. Fue muy emocionante cómo este dispositivo generó las condiciones para que cada una de estas personas sienta la confianza para compartir algo que es íntimo: desde predisponerse a sacar la foto, pensar el lugar y ponerle palabras».

    El círculo de la belleza se abre y contiene a las personas que construyen en grupo el refugio para la angustia, la pena y hasta el horror de la enfermedad voraz, la incertidumbre, el padecimiento, la muerte.

    Algunos de los textos impresos con tipos móviles (letterpress), que en algunos casos devienen jaicus, en otros, aforismos y reflexiones. Leamos:


    aparece la calma
    junto al
    rayo de luz
    de la ventana

    no
    creo posible
    pensar
    la intimidad
    sin lo público

    un lugar
    en el que ellos
    no van a
    estar

    en la cara
    donde me
    pega el sol
    en la cara
    (dondemepegaelsol)

    mirar la nada
    en estos tiempos
    es mirarse
    adentro

    mi lugarcito trinchera
    mi rincón covacha
    mi pedacito de espacio
    cuarto propio
    mi refugio

    Cierre

    El proyecto de Venturini, por obra y gracia de una idea unificadora y de la colaboración colectiva, deviene poesía. Recordamos a Nicanor Parra: «La poesía alcanza para todos».

    Son fundamentales para entender este libro comunitario los agradecimientos de la autora: «Gracias a todas las personas que han sido parte de este proceso. Quienes generosamente compartieron un pedacito de su intimidad. Quienes brindaron su consentimiento para este libro. Quienes posaron sus miradas y se vieron reflejadas. Quienes acompañaron en conversaciones, algunas habladas y otras silenciosas. Gracias por el entre, el mientras, el durante. Gracias por los espacios que sostienen y abrigan el alma. Gracias por hacer mundo».

    Nada más que agregar. Ahora deben buscar, tocar, leer, mirar, oler, sentir Refugios. Solo hay que escribir un correo y acordar pago y entrega. La invitación queda hecha. Hasta pronto.

    Data

    Refugios / Milena Venturini.
    68 p.; 17 × 15 cm
    ISBN 978-631-00-0482-2

    Copyright 2023 de los grabados: Milena Venturini
    Copyright 2023 de la edición: Cielo Invertido Ediciones. Responsable: Flavia Rojas y Dolores González Montbrun.
    cieloinvertidoediciones@gmail.com
    Esta obra se editó con el aporte parcial del Fondo Nacional de las Artes

    https://www.facebook.com/cieloinvertidoediciones/
    https://cieloinvertido.empretienda.com.ar/
    https://linktr.ee/cieloinvertidoediciones
  • «La biblioteca es la universidad del pueblo»

    Fragmento de la charla «Sentido de la biblioteca actual», por Roberto Juarroz. Costa Rica, 1974.


    «La biblioteca actual es todo lo contrario de un lujo. No es algo superfluo que la sociedad crea o sostiene, y a veces también ignora un poco en su seno, sino que es un elemento o un factor de primera necesidad. Nos atreveríamos entonces, como primera idea para esa primera imagen, ese perfil que usted nos ha pedido, quizá, a señalar que hay que terminar de comprender que la biblioteca es un servicio social, a la par de otros a los cuales suele prestarse prioridad y mayor atención, como pueden ser, por ejemplo, los problemas de salud y tantos otros. Es interesante, me parece, señalar que la biblioteca actual es además una institución al servicio activo y dinámico de todo proceso de desarrollo. Y entendemos aquí el concepto o la idea de desarrollo como la integración de todos los factores que coinciden para permitir una mejor forma o un mejor nivel de vida para un pueblo o una sociedad. Creo que esto nos lleva a algo que es muy importante señalar desde el comienzo –y los apreciados compañeros de esta mesa luego dirán si coinciden con esto– y es entender que todo aquello que se dedica al sostenimiento de las bibliotecas constituye no un simple gasto de consumo sino una real inversión de capital.

    «Yo creo, y lo planteo para conversarlo y para dialogarlo, que entonces esta noción de servicio social es clave. O sea, da respuesta a una concreta necesidad, a una imprescindible necesidad de desarrollo en todos los aspectos. Podríamos agregar luego, y yo lo planteo simplemente, como tópico, digamos, incitador para el diálogo y la conversación, la noción de dinamismo o agresividad, que es todo lo contrario a lo que se entendía hace algunas décadas por biblioteca. Entonces más bien se concebía la biblioteca como un repositorio, como una especie de santuario y en algunos casos como una especie de mausoleo, se ha dicho… y hoy, en cambio, entendemos a la biblioteca como una gran apertura, como una gran actividad, como todo lo contrario de guardar, como un instituto de difusión, que sobre todo en el plano educativo, es importante señalar y se lo ha dicho en tantos congresos y se lo ha repetido –pero no termina de entenderse– el hecho de que es en realidad la única institución educativa sin término.

    «Yo agregaría esto: aquello que alguna vez señaló la Unesco en uno de sus manifiestos, de que la biblioteca es en la actualidad –y sobre todo la biblioteca pública, por supuesto– la universidad del pueblo. Esto podemos afinarlo un poco como una de las funciones de la biblioteca Y yo quisiera señalar simplemente como último aspecto de este perfil actual de la biblioteca como algo tan vivo y tan dinámico y tan penetrado de la idea de servicio, la noción de sistema o de organización, que también caracteriza a la evolución de las bibliotecas en los últimos años, porque ya no constituyen simplemente una respuesta más o menos romántica, más o menos efusiva, sino justamente una organización y un sistema».

    Fragmento de la charla titulada «Sentido de la biblioteca actual», emitida en la Radio Universidad de Costa Rica, con la participación de Efraim Rojas, Nelly Kopper y Roberto Juarroz, en mayo de 1974.

    Audios completos en http://repositorio.filo.uba.ar/handle/filodigital/15418

    Fuente: Repositorio Institucional de la Facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires: http://repositorio.filo.uba.ar/

  • Noé Jitrik: «La peligrosidad del intelectual»

    Entre 1967 y 1969, Noé Jitrik (1928-2022) escribió una serie de ensayos sobre la obra de seis escritores argentinos: José Hernández, Julio Cortázar, Esteban Echeverría, Roberto J. Payró, Jorge Luis Borges y Macedonio Fernández. Los reunió en el libro El fuego de la especie. Ensayos sobre seis escritores argentinos, publicado en Buenos Aires por Siglo XXI Argentina en 1971. Lo que sigue son dos párrafos del texto inicial, sin título, donde Jitrik reflexiona sobre la función de la crítica literaria y de los intelectuales. Preside todo el libro la siguiente cita de Jacques Derrida, de su libro De la Grammatologie:

    «Mort de la parole» est sans doute ici une métaphore: avant de parler de disparition, il faut penser à une nouvelle situación de la parole, à sa subordination dans une structure dont elle ne sera plus l’archonte.

    «Muerte de la palabra» es sin duda aquí una metáfora: antes de hablar de desaparición, se debe pensar en una nueva situación de la palabra, en su subordinación en una estructura donde ella no será más el arconte. (Traducción propia).

    «Entonces la crítica: ser eficaz en la lectura pero además alimentar el fuego de la especie; su lectura específica debe a cada instante recordar el origen del gesto humano sobre el que toda organización reposa para que otros gestos humanos se sigan nutriendo del poder de la palabra; su lectura específica debe levantar lo que no puede morir atropellado por reemplazos que no surgen de la palabra humana; eso que no puede morir es el fuego humano que se debe buscar donde todavía no es y en donde ya ha estado, el fuego humano que es perturbación, búsqueda, erotismo del riesgo, erotismo de la revolución. (p. 11).

    «La crítica puede proponerse esa función, mejor dicho, no puede no proponérsela, igual que la literatura, igual que la ciencia, igual que el pensamiento que cubre a todos y cada uno. Entre todos, pueden dibujar una figura, tanto la del infatuado, deplorable e imperfecto presente como del peligroso futuro. Y esta calidad se transmite a quien persigue la figura: la peligrosidad del intelectual de nuestro tiempo, para nuestra sociedad como para sociedades de otro signo, consiste en eso, perseguir una figura, hacer sentir el hueco –sonido sin destino– de una verdad que no concierne sino a quienes beneficia. Su peligrosidad es su trabajo mismo: proseguir, insistir, buscar, presentar hipótesis, no temerle al destierro y a la marginalidad. De su mero ejercicio se desprende su peligrosidad pero también de su confianza activa en su instrumento. Pero también su peligrosidad está en los otros: el intelectual que sigue vivo ejemplifica todo lo que está muerto en uno y que se quiere ver muerto en todos: su vida es su peligrosidad. Si el intelectual –el escritor, el crítico, el científico– no cree en todo esto, si deja de concebir de este modo su duración y su proyecto, se podrá hablar con fundamente de una “muerte de la palabra”. Pero no, no es posible, el fuego de la especie no se ha de apagar así, ningún consentimiento favorecerá su extinción». (p. 12).

  • La suerte de Jota 5

    La suerte de Jota 5

    A raíz de un hallazgo callejero

    No sé ustedes, imaginarios lectores, pero yo tengo un profundo desconocimiento del resto del mundo. Lo que sí conozco y muy bien son las veredas de Dorrego, distrito variopinto y multiclasista del departamento de Guaymallén de la provincia de Mendoza, en la República Argentina. Considero importantísimo que quien lee pueda representarse a quien escribe en un lugar del mundo, de ahí la obsesión de ser preciso en lo espacial.

    Esta mañana, hace un ratito, saqué a pasear por el barrio a la perra Lola para que hiciera sus necesidades y nos aireáramos un poco. En una vereda típica de Dorrego, “guacha de baldosas” podría decir un tango, encontré nada menos que un pequeño dado (2 cm de lado) que mostraba el número cinco, y junto a él un trozo de hierro con forma, quiero creer, de jota, de letra jota. 

    Interpreto este hallazgo como signo de buena suerte. No se trata solamente de un dado sino de un dado mostrando el número 5, vinculado sin duda con el año 2025, y la férrea jota, es decir, yo, Juan. En la adolescencia, en la bandita burguesa de la plaza Italia, me apodaron “el Jota”. Años después, y durante mucho tiempo, mi dirección de correo electrónico fue jotal@hotmail.com o jotal@talycual.ar, y así. Jota y jotal para todo (la ele agregada vale por la inicial de López), ya que los correos juanlopez@hotmail.com o juanlopez@talycual.ar ya los habían creado otros Juanes López del orbe, ese que desconozco profundamente.

    Los objetos hallados en indiscutible complicidad:

    Conclusión: el 2025 empezó de maravillas para mí. Si me ocurren cosas en los próximos 12 meses que demuestran lo contrario, este texto, como tantos otros, habrá sido en vano. Es decir, ya no historia ni intrahistoria sino puro deseo, es decir, literatura.

    2 de enero de 2025

  • El caminante y la higuera

    Una tardecita salí a caminar por una calle de tierra y piedras. Tengo un rito: siempre que salgo a caminar, regreso con un palo y con una piedra. Cuando el palo que consigo es muy bueno, suelo fabricar un bastón, que algún día espero usar. Si es un palo no tan bueno, va a parar con la leña para el invierno. La piedra se suma a una gran familia, muy numerosa ya. Pero esa tarde salí a caminar en busca de la higuera que hay en un costado del camino, a la entrada de un viejo viñedo y un viejo olivar. Todos los vecinos probamos de sus higos o brevas, según la época. En febrero, las brevas ya están dulces y si no las cortamos comienzan a caer. Coseché un poco más de un kilo. Las disputé con las abejas, que zumbaban y se comportaban como propietarias del árbol. Un bamboretá (mantis religiosa) merendaba, al parecer, tranquilo, casi inmóvil, indiferente a nosotros, las abejas y yo. De regreso, solo escuché el sonido de mis pasos, el viento en los álamos (los chopos de Machado y familia) y los pájaros.

    ¿Recuerdan el hermoso y triste poema de Juana de Ibarbourou?:

    La higuera

    Porque es áspera y fea,
    porque todas sus ramas son grises,
    yo le tengo piedad a la higuera.

    En mi quinta hay cien árboles bellos,
    ciruelos redondos,
    limoneros rectos
    y naranjos de brotes lustrosos.

    En las primaveras,
    todos ellos se cubren de flores
    en torno a la higuera.

    Y la pobre parece tan triste
    con sus gajos torcidos que nunca
    de apretados capullos se viste…

    Por eso,
    cada vez que yo paso a su lado,
    digo, procurando
    hacer dulce y alegre mi acento:
    «Es la higuera el más bello
    de los árboles todos del huerto».

    Si ella escucha,
    si comprende el idioma en que hablo,
    ¡qué dulzura tan honda hará nido
    en su alma sensible de árbol!

    Y tal vez, a la noche,
    cuando el viento abanique su copa,
    embriagada de gozo le cuente:

    ¡Hoy a mí me dijeron hermosa!


    Breve análisis del poema

    En este texto, la escritora uruguaya toma de excusa a la higuera para poetizar o reflexionar sobre la belleza. Porque de ningún modo la higuera es un árbol feo. Al contrario, es extraño, especial, sus frutos no son frutos sino inflorescencias, es decir, flores… y tantas virtudes más. En el poema destaca que otros árboles tienen flores, pero pensemos que son flores convencionales. Las de la higuera, brevas e higos, además, alimentan.

    La poeta recurre entonces a la higuera para preguntar si la belleza es intrínseca a los seres o si más bien necesita de la mirada o la valoración de los otros seres. Y es también una apuesta al poder transformador de la palabra: sólo con decir que la higuera es bella, la higuera se vuelve bella. Es más, por la palabra de un otro, deviene hermosa.

    El mamboretá en la higuera.

    El caminante.

    Las brevas.

    J.L., Mendoza, febrero de 2025.

  • Diálogo, literatura y placer

    Un puente entre Piglia y Lezama Lima

    En La forma inicial. Conversaciones en Princeton, de Ricardo Piblica (Buenos Aires, Eterna Cadencia, 2015), libro cuya lectura debo al escritor Maurcio Runno, queda planteado o esbozado que la conversación es “la” forma inicial, no solo del volumen, sino de la literatura, o al menos una de las formas cruciales o modélicas o motoras (Piglia no usa estos términos) de toda literatura. En el libro José Lezama Lima, de la escritora venezolana Ana Nuño (Ediciones Omega, colección Vidas Literarias, Barcelona, 2001), la autora y prologuista presenta un diálogo imaginario con Severo Sarduy. En esa conversación inventada por Nuño, el ficticio Sarduy cita a Lezama: “ ‘Si no es por el diálogo –le decía el coronel José Eugenio Cemí a un Talleyrand mexicano– nos invade la sensación de la fragmentaria vulgaridad de las cosas que comemos’ ” (p.73). El pasaje que cita Sarduy pertenece a la novela Paradiso (edición de Eloísa Lezama Lima, Editorial Cátedra, Letras hispánicas, p. 148). Completo el párrafo agregando las frases anteriores, que ayudan a comprender mejor lo que se postula en ese pasaje de Paradiso: “El placer, que es para mí un momento de claridad, presupone el diálogo. La alegría de la luz nos hace danzar en su rayo. Si para comer, por ejemplo, fuéramos retrocediendo en la sucesión de las galerías más secretas, tendríamos la tediosa y fría sensación del fragmento del vegetal que incorporamos, y el alón de perdiz rosada sería una ilustración de zootecnia anatómica. Si no es por el diálogo nos invade la sensación de la fragmentaria vulgaridad de las cosas que comemos”.

    En la Nota a esta edición del libro de Piglia, fechada el 20 de marzo de 2015, el autor argentino señala: “…la gravitación y la gracia del diálogo definen la forma inicial de estos textos, que son modestas tentativas de plantear algunos de los problemas de la narración y sus consecuencias”.

    13 de enero de 2023.