Categoría: Poesía

  • Poesía ≠ poesía

    Sobre publicar cualquier cosa en internet y colocarle el rótulo de poesía.

    III

    Nuestras vidas son los ríos

    que van a dar en la mar,

    que es el morir;

    allí van los señoríos

    derechos a se acabar

    y consumir;

    allí los ríos caudales,

    allí los otros medianos

    y más chicos,

    y llegados, son iguales

    los que viven por sus manos

    y los ricos.

    (Jorge Manrique, «Coplas por la muerte de su padre»)

    Estas «simples» coplas –escritas y publicadas a fines del siglo 15 y transcriptas aquí con ortografía actualizada– muestran y demuestran rápidamente cómo es posible hacer poesía sin tanto palabrerío ni pretensión. No hace falta irse tan atrás en el tiempo, por supuesto, pero alguien las mencionó y gatilló estas palabras.

    Leímos las coplas de Manrique por primera vez en el secundario, las volvimos a ver, y estudiar, en la carrera de Letras. Y cuando veo «colegas», es decir, escritores, publicar en las redes sociales textos sin revisar, o revisados pero con urgencia, recuerdo o vuelvo a la verdadera poesía. La que es resultado de trabajo consciente, o inconsciente, pero trabajo. Y me lo digo a mí mismo antes de publicar algo que acabo de escribir y pienso subir a internet: «No, esto no es producto de tu inspiración ni de tu talento, esto es tu pura neurosis, pereza o vanidad, y por más rótulo de “poesía” que le adhieras, no es poesía. Asumido esto, publicá lo que quieras, pero no te la des de poeta».

    J. L. Mendoza, 24 de octubre de 2024.

  • El caminante y la higuera

    Una tardecita salí a caminar por una calle de tierra y piedras. Tengo un rito: siempre que salgo a caminar, regreso con un palo y con una piedra. Cuando el palo que consigo es muy bueno, suelo fabricar un bastón, que algún día espero usar. Si es un palo no tan bueno, va a parar con la leña para el invierno. La piedra se suma a una gran familia, muy numerosa ya. Pero esa tarde salí a caminar en busca de la higuera que hay en un costado del camino, a la entrada de un viejo viñedo y un viejo olivar. Todos los vecinos probamos de sus higos o brevas, según la época. En febrero, las brevas ya están dulces y si no las cortamos comienzan a caer. Coseché un poco más de un kilo. Las disputé con las abejas, que zumbaban y se comportaban como propietarias del árbol. Un bamboretá (mantis religiosa) merendaba, al parecer, tranquilo, casi inmóvil, indiferente a nosotros, las abejas y yo. De regreso, solo escuché el sonido de mis pasos, el viento en los álamos (los chopos de Machado y familia) y los pájaros.

    ¿Recuerdan el hermoso y triste poema de Juana de Ibarbourou?:

    La higuera

    Porque es áspera y fea,
    porque todas sus ramas son grises,
    yo le tengo piedad a la higuera.

    En mi quinta hay cien árboles bellos,
    ciruelos redondos,
    limoneros rectos
    y naranjos de brotes lustrosos.

    En las primaveras,
    todos ellos se cubren de flores
    en torno a la higuera.

    Y la pobre parece tan triste
    con sus gajos torcidos que nunca
    de apretados capullos se viste…

    Por eso,
    cada vez que yo paso a su lado,
    digo, procurando
    hacer dulce y alegre mi acento:
    «Es la higuera el más bello
    de los árboles todos del huerto».

    Si ella escucha,
    si comprende el idioma en que hablo,
    ¡qué dulzura tan honda hará nido
    en su alma sensible de árbol!

    Y tal vez, a la noche,
    cuando el viento abanique su copa,
    embriagada de gozo le cuente:

    ¡Hoy a mí me dijeron hermosa!


    Breve análisis del poema

    En este texto, la escritora uruguaya toma de excusa a la higuera para poetizar o reflexionar sobre la belleza. Porque de ningún modo la higuera es un árbol feo. Al contrario, es extraño, especial, sus frutos no son frutos sino inflorescencias, es decir, flores… y tantas virtudes más. En el poema destaca que otros árboles tienen flores, pero pensemos que son flores convencionales. Las de la higuera, brevas e higos, además, alimentan.

    La poeta recurre entonces a la higuera para preguntar si la belleza es intrínseca a los seres o si más bien necesita de la mirada o la valoración de los otros seres. Y es también una apuesta al poder transformador de la palabra: sólo con decir que la higuera es bella, la higuera se vuelve bella. Es más, por la palabra de un otro, deviene hermosa.

    El mamboretá en la higuera.

    El caminante.

    Las brevas.

    J.L., Mendoza, febrero de 2025.

  • 3

    el estado de comodidad
    produce desviaciones al alma
    la prolongada falta de vértigo
    desmantela la agudeza
    bloquea el sentido del amor
    y el olvido se filtra
    y permanece
    los deseos de poder aumentan
    y la mezquindad invade
    peligrosamente
    todo

  • Diálogo, literatura y placer

    Un puente entre Piglia y Lezama Lima

    En La forma inicial. Conversaciones en Princeton, de Ricardo Piblica (Buenos Aires, Eterna Cadencia, 2015), libro cuya lectura debo al escritor Maurcio Runno, queda planteado o esbozado que la conversación es “la” forma inicial, no solo del volumen, sino de la literatura, o al menos una de las formas cruciales o modélicas o motoras (Piglia no usa estos términos) de toda literatura. En el libro José Lezama Lima, de la escritora venezolana Ana Nuño (Ediciones Omega, colección Vidas Literarias, Barcelona, 2001), la autora y prologuista presenta un diálogo imaginario con Severo Sarduy. En esa conversación inventada por Nuño, el ficticio Sarduy cita a Lezama: “ ‘Si no es por el diálogo –le decía el coronel José Eugenio Cemí a un Talleyrand mexicano– nos invade la sensación de la fragmentaria vulgaridad de las cosas que comemos’ ” (p.73). El pasaje que cita Sarduy pertenece a la novela Paradiso (edición de Eloísa Lezama Lima, Editorial Cátedra, Letras hispánicas, p. 148). Completo el párrafo agregando las frases anteriores, que ayudan a comprender mejor lo que se postula en ese pasaje de Paradiso: “El placer, que es para mí un momento de claridad, presupone el diálogo. La alegría de la luz nos hace danzar en su rayo. Si para comer, por ejemplo, fuéramos retrocediendo en la sucesión de las galerías más secretas, tendríamos la tediosa y fría sensación del fragmento del vegetal que incorporamos, y el alón de perdiz rosada sería una ilustración de zootecnia anatómica. Si no es por el diálogo nos invade la sensación de la fragmentaria vulgaridad de las cosas que comemos”.

    En la Nota a esta edición del libro de Piglia, fechada el 20 de marzo de 2015, el autor argentino señala: “…la gravitación y la gracia del diálogo definen la forma inicial de estos textos, que son modestas tentativas de plantear algunos de los problemas de la narración y sus consecuencias”.

    13 de enero de 2023.