sé dónde estás
pero no sirve
sé dónde sirve
pero no estás
sé dónde no
pero estás
sirve
JL
sé dónde estás
pero no sirve
sé dónde sirve
pero no estás
sé dónde no
pero estás
sirve
JL
one woman, sensitive to light
one man, dark and fragile
one woman, latinamerican
one man, never compromised
one woman, full of implants
one man, poor wherever you look
one woman, gentle and understanding
one man, brave and fair
one woman, hysterical and handsome
one man solution
Juan López (2005)
trans. Ben Miele
parejas
una mujer sensible a la luz
un hombre oscuro y frágil
una mujer latinoamericana
un hombre nada comprometido
una mujer rica en siliconas
un hombre pobre por donde se lo mire
una mujer tierna y comprensiva
un hombre valiente y justo
una mujer histérica y hermosa
un hombre solución
J. L.
(del libro Mirá, Mendoza, Ediciones simples, 2005)
Sobre el libro Donde habitan las luciérnagas, de Pilar Piñeyrúa. Prólogo de Sayri Karp. Mendoza, Grito Manso, serie Ruido blanco, 2022.

Creo que el pilar de este libro, lo que lo origina, lo sostiene, lo impulsa y lo centra, es la memoria. No es este un gran hallazgo. En la primera parte, la expresión “me acuerdo que” hilvana los poemas y nos lleva al pasado, la infancia, la juventud, la historia. Ya sabemos, porque la autora lo anuncia, que vamos a ingresar en el ámbito del tiempo. Del tiempo pasado.
Esa repetición, “me acuerdo que”, baja a la inmediatez lo recordado. Podría haber escrito “recuerdo que”, más literario si se quiere. Prefirió el “me acuerdo”, absolutamente coloquial, cercano. Primera puerta abierta al lector: son textos de lectura transparente, aunque de significado denso, iluminador algunas veces, metafórico o borroso en otras. Borrosa es a veces la memoria; otras veces, la memoria nos aclara todo. Y otras, la memoria nos contiene, nos impulsa y de algún modo nos salva.
Veamos algunos textos:
“Me acuerdo que yo quería vivir en una casa con fondo y no en el centro”.
“Me acuerdo de las mesas de mi casa. En las más grandes, yo jugaba a las casitas y me metía allí para no comer y no hablar y escuchar”.
“Me acuerdo que solo había una marca de crema de enjuague”.
“Me acuerdo cuando seleccionaron niñas para el coro. Apenas canté “Ooo…” me dijeron que me fuera”.
“Me acuerdo de hacer la estrella de cinco puntas de tupamaros en el pizarrón de la escuela y que la maestra nos retó”.
“Me acuerdo que llegaban cadáveres a las playas. Me acuerdo de saber que no eran marineros chinos caídos de un barco, como decían los diarios”.
La prologuista, Sayri Karp, señala que estos textos forman parte, cito, “de esta lucha por mantener viva la memoria colectiva para no repetir el horror; estos textos son un homenaje a la pulsión de vida cuyo poder nos otorga la capacidad de resiliencia para recuperarnos y seguir construyéndonos a pesar del dolor que contamina los momentos radiantes y felices”.
Coincido con la prologuista, pero creo que aunque se puede señalar a la memoria como motor del conjunto, la lectura no debe limitarse a esa vía principal de interpretación. La alternancia entre afirmación y sugerencia abre la lectura a otras posibilidades menos unificadoras de sentido. Me gustaría pensar la memoria como punto de partida más que de llegada.
Otro valor de la buena poesía, o al menos de lo que yo considero buena poesía, es su capacidad de síntesis, de condensación. “Me acuerdo que solo había una marca de crema de enjuague”. Acá se están diciendo muchas cosas. Por ejemplo, que hubo una era premarketing, con todo lo que la palabra marketing anuncia. Yo leo esta frase como una actualización del motivo de la edad de oro, del paraíso perdido, cuando no hacían falta tantas cosas para vivir, para lavarse el pelo y además suavizarlo con crema. Pensemos también que la crema de enjuague es la coronación y culminación del lavado de cabeza. Antes había una sola forma generalizada de lavarse (y lavarnos) la cabeza (y las manos). Ahora hay muchas.
“Me acuerdo que llegaban cadáveres a las playas. Me acuerdo de saber que no eran marineros chinos caídos de un barco, como decían los diarios”.
Es decir, no todo es lo que parece o la historia que te contaron no es lo que realmente ocurrió. Es que la poesía es otra versión de los hechos.
“Me acuerdo que yo quería vivir en una casa con fondo y no en el centro”.
Acá aparece, como en buena parte del libro, la infancia como origen o motor del deseo, la infancia como modelizadora de la experiencia. Y aquí la memoria viene además a reivindicar ese deseo de algo que no se cumple, pero que la memoria registra, sostiene y mantiene en estado de deseo.
La repetición, y en este caso con la frase “me acuerdo que”, contagia. El “me acuerdo” nos invita a pensar de qué nos acordamos, nos pone a recordar y a recordarnos.
La presencia de formas breves como jaicus abre el sendero estético, si vale la expresión, a otras posibilidades poéticas o creativas. Esto, si entendemos la poesía como algo que “se hace” y que “se está haciendo”, no como mera contemplación o registro escrito de experiencias. En este sentido, esta primera obra lírica de Pilar Piñeyrúa nos anuncia nuevas búsquedas, nuevas propuestas y nuevos caminos.
El libro propone un derrotero, un cambio de tono de lo simple a lo más complejo por un lado y de lo directo a lo sugerente a la vez. Una suerte de vaivén de lo inmediato a lo simbólico. Creo que ese es el ritmo de sentido que logra, más allá o incluyendo las cuestiones formales de si se trata de prosa breve, versos como jaicus o prosa un poco más extensa.
La desnudez de la dicción poco a poco se va ataviando de hechos, de experiencias, de señalamientos, de imágenes, de valoraciones. Es un movimiento desde la pincelada luminosa al discurso, que muestra claroscuros. Que avanza, desarrolla, regresa a la brevedad para detenerse o hacer una pausa o reflexionar, y sigue avanzando, y vuelve a afirmar.
Donde habitan las luciérnagas echa luz al pasado, a la historia. Una luz intermitente, azarosa o impredecible, pero luz al fin. Cuando tenemos la suerte de ver luciérnagas, es imposible saber en qué lugar y cuándo se encenderá la siguiente. Y cuando, en determinado momento, las luciérnagas se apagan, se van, adonde habitan o adonde mueren, quedamos, de cualquier modo, agradecidos.
No he dado cuenta ni de manera mínima de este aparentemente pequeño volumen. La poesía tiene esa virtud y esa contradicción: alimenta y rara vez sacia. Contagia, ilumina, nos empuja siempre a más. La poesía no se acaba, pienso, porque responde al ritmo de la vida, y cuando aún la vida se termina o se trunca o queda en suspenso, la poesía sigue desafiándonos.
Correlato o registro de intensidad, fusión de azar y necesidad, la poesía –como el amor, como la justicia– es un llamado para el que deberíamos estar siempre disponibles.
Las luciérnagas habitan en la imaginación. En esta obra la imaginación se apuntala en la memoria situada e histórica, y nos impele a no renunciar a la posibilidad de otro mundo.
J. L. febrero de 2023
El poeta Simon Esain (Maipú y Chascomús, Argentina) se pone en modo Copernico y escande en verso sus observaciones, desde su propio «pavimentum». Desde el macrocosmos de la lengua hacia el microcosmos poético, que, sabemos, tras la teoría de los fractales, comparten la misma estructura, quizá idéntica «realidad», lo que no quiere decir que sean lo mismo.
Un poemario intenso, engañosamente fragmentario pero de trama sólida. Construida con textos en su mayoría breves, numerados del 1 al 81, esta obra se sostiene a partir de un yo claro que muta a momentos de nominalización sin sujeto explícito o en tercera persona (macro) y propone sobre el final escenas situadas, en primera (microcosmos). De la musicalidad general y del ritmo de sentido del macrocosmos, a textos que bucean y se despliegan en la intimidad.
En la portada, dos iniciales anteceden al título: pJ. Le preguntamos al autor el porqué de estas dos letras, y esto nos respondió: «Es una sigla para identificar series. En este caso le puse ‘ponele Juan’. Juan, como para [Antonio] Berni, es un personaje mítico para mí, tal vez el padre, el amigo que no ha estado. Una especie de referencia humana o social».
Pero de nada valen estos conceptos si no leemos algunos poemas. A continuación, una muy breve muestra, entonces, de jardín de Copérnico, así, con la jota inicial en minúsculas (ver imagen de tapa), para darnos la idea de que esta obra (toda obra) es continuación, se integra en otra/s, mayor/es, rastreable/s aunque infinitas. Publicado por Ediciones La carta de Oliver, a cargo del editor Santiago Espel (yagoespel@hormail.com), diagramación de Alejandro Juárez, en Vicente López, Buenos Aires, 2023. Impreso en Su Impres, de Gino Di Tullio. Tucumán 1480, CABA, República Argentina.
1
odianh odianh
el juego ahí
donde no juegan
y así fue los otros
al pasar frente a la calesita
se vio tan incomprensible
el incomprendido
*
estoy detrás del que calla
del que mantiene su arsenal en sigilo
*
algo amenaza con matarme
¿el tiempo o
muchos que se adelantan
a dejarme a solas con mi vida?
*
hay un momento en la distancia
que la convierte a silencio
y somos ese instante
aunque bramemos
*
siempre florece el dolor
tarde nos damos cuenta
de que lo hemos regado
hasta hacerle llorar su flor
*
me asoma la noche
los ciegos no ven a los ciegos
*
como barre su cabeza barre su vereda
viendo hojas desangradas que han caído
lo puro que el cemento queda
lo impuro que su pensamiento cae
*
como endeudado sobrellevo lo que no debiera
acostumbrado a ignorarme
que ser ignorado no me extrañe
*
lo mismo siento acontecer con tanto verso prolijo
en que concluyen lo inhumano lo mudo lo sombrío
algo humano que no la vaya de novedoso
algo humano que sea nuevamente
*
triunfar sobre la espera
tirando días a la basura

Juan López, Mendoza, julio de 2023
Sobre el libro Los colores de la vigilia, de Christian Kupchik (Buenos Aires, Buenos Aires Poetry, 2017).*

Esta obra es una gran indagación, un viaje desde y hacia las palabras. Tene un movimiento semejante a un vaivén, desde lo esencial y simbólico –desde temas cruciales como el tiempo y el amor, ofrecidos desde perspectivas y autores diversos en estéticas y épocas y lugares y tradiciones–, a una dicción más directa, poemas que parecen interiorizar en su anécdota las búsquedas y proposiciones primeras del poemario. Y salta a la vista, de estos colores, que no son más que una estratagema del autor y de la voz que yergue el poemario para hablar del tiempo, donde el blanco es, entre otras cosas, el olvido:
Todo es mensurable a partir de los blancos que quedan en los intersticios de cuanto nos rodea.
Y donde el silencio es negrura e inmovilidad:
El término no determina, sin embargo, la ausencia de sonido,
sino que remite a la idea de inmovilidad:
quietud, lo invisible, el astro ausente,
la negrura.
Los colores de la vigilia se muestra como un libro inagotable: abre puertas de conocimiento y comprensión e interrogación continuamente. Lo imagino como uno de esos libros troquelados. Al abrirlos, nos muestran relieves llamativos e inesperados, figuras que cambian de forma según desde dónde las observemos, imágenes que, como señala Borges en algún lugar, prefieren el matiz al color. Y nos exigen que cambiemos el lugar desde donde miramos, y con cada mirada y lectura vamos construyendo, haciendo caer, y reconstruyendo sentidos, abriendo y cerrando caminos de reflexión y de belleza.
Leer este poemario operó, en mi caso, como una trampa. Una trampa bastante compleja, por cierto. Un camino sinuoso con alguna luz, no laberíntico pero sí con extrañas ramificaciones, diversas voces, ritmos cambiantes y a la vez coincidentes, o quizá sea mejor decir concurrentes.
No soy afecto a los libros de poemas que son en realidad narraciones o descripciones o invocaciones escandidas en verso. Series previsibles de composiciones alineadas o enfiladas tras una teoría o un curso narrativo (para no decir relato), un tema más o menos prefijado, unas anécdotas más o menos sensibles, memorias que redescubren o recrean o imaginan un pasado entrañable –bueno o malo– o unas experiencias cuasi místicas, del tipo que sean: sociales, espirituales, amorosas. Pienso que este tipo de poesía es la que abunda. Y por suerte no es el caso de este libro.
Por otra parte, cuando encaro un libro de poemas, de modo recurrente me pregunto –a causa además de cierta manía de editor: ¿Qué une o justifica a un grupo de textos, de poemas, qué lo hace un poemario y tal vez luego un libro. Más allá de similitudes genéricas o compositivas o temáticas. Más allá de ciertas regularidades producto de la pericia del escritor. Pienso que lo que da unidad es, sobre todo, el tono. El tono en la literatura es un asunto, pienso yo, delicado. Quiero decir que en el caso de Los colores de la vigilia el tono lo da una voz firme y lúdica a la vez, que sostiene todo el tiempo el propósito. En este caso, el propósito se anuncia en el epígrafe general del libro. La frase de Michel Foucault que nos recibe y nos abre la puerta para entrar al poemario.
Dice el epígrafe:
«… habría que escuchar atentamente cada susurro del mundo, tratando de percibir tantas imágenes que nunca han encontrado su reflejo en la poesía, tantos fantasmas que nunca han logrado los colores del estado de vigilia». Michel Foucault, Historia de la locura en la época clásica.
Reescribo variaciones: todo puede ser poesía. La poesía está allí pero no suele ser evidente, rara vez refulge. Buscarla y crearla forman parte de la misma acción. Participar de o en la poesía es asumir que debemos construirla, y que apenas plasmamos algo, surge o queda latente otra posibilidad. No hay fronteras precisas entre lo que consideramos poesía y lo que pensamos o percibimos que no lo es. La voz que sostiene esta obra no se sitúa cómoda dentro de la poesía, sino que más bien expone un movimiento hacia la poesía.
Subyace en estos textos, y por eso mismo aflora, ese rol transmutador del alquimista verbal, del buscador de materiales preciosos que tan singularmente, por ejemplo, ha planteado y plantado, y fundido en símbolo, Jorge Leonidas Escudero.
Esta obra nos dice y nos recuerda que cuando intentamos poesía, trabajamos con materia y materiales sensibles. Sonidos y sonoridades:
fervorosos fernets sin fe
estamos condenados a condados de niebla
brumosa broma del azar
aun ajenos, aún lejanos
barbijos y burbujas, espumajos
brujas en la bruma
el letal letargo
bebí bendecidas botellas
recuerdo tu cuerpo desnudo
Contraposiciones:
en tanto tantea en el vacío
con las manos llenas
sobre la playa subyacen las palabras prohibidas
Hay además ritmos, ideas, imágenes, posiciones, tradiciones. Cada una con sus resonancias y posibilidades.
Considero que Los colores de la vigilia actualiza la poesía. Reúne –vuelve a unir– un lenguaje sutil, una dicción elaborada con un verbo apegado a la palabra hablada, tan cercana a los labios como al cerebro y a la biblioteca o a las bibliotecas, a las muchas tradiciones literarias que pone a convivir.
No tiene límites ni preferencias temáticas, aunque podamos detectar y señalar cierta obsesión principal por el tiempo, mirado o abordado desde la posición de quien busca claridad en la noche, sentido en el sinsentido:
El tiempo es cielo
El tiempo
no acostumbra ver sus pasos
reflejados en el paso
del tiempo
matar el tiempo
perder el tiempo
el hombre atraviesa el tiempo
Detecto también no solamente, como ya señalé, concurrencias o confluencias sino también un movimiento de apertura a otras formas o modos de pensar y hacer poesía. Esta es la razón –razón poética, quiero decir– de que en esta obra convivan diversas formas textuales. El poema convencional en versos y estrofas, el epígrafe, la sentencia o aforismo, la paradoja, citas de autores clásicos y contemporáneos, relatos, crónicas que parecen ensayos y ensayos que parecen crónicas, misceláneas.
Las obras, por así decirlo, muy estructuradas, organizadas en secciones y subsecciones, con numerosas citas y diversos momentos parecen decirnos, o al menos a mí me dicen por lo bajo: «acá hay una mano, una cabeza, una sensibilidad, un principio rector, un centro o al menos el esbozo de un centro o de un eje». No estamos, pues, ante el caprichoso fluir desbocado o de la palabra. Cada imagen, cada parte, cada cita, tiene su papel. Ofrece o revela su luz, y a la vez reconoce y esconde su sombra.
Se plantea u ofrece entonces un orden. No en el sentido que por estos tiempos declaman, proponen e imponen ciertos dirigentes políticos y empresariales. Digo más bien un orden del orden del cosmos, obviamente en contraposición al caos. Un dar forma a lo informe o simplemente crear un cosmos a partir o como consecuencia de unos textos que se llaman y se precisan unos a otros y concurren en la búsqueda de una forma o unas formas.
Otro aspecto que quiero señalar de este libro es el tratamiento de la ironía, absolutamente sutil y que agudiza el recurso. Un solo ejemplo, del Primer ciclo de la sección Vita:
«Tras una vida plena de fatigosas privaciones, Marina Tsvietáieva, en una carta escrita con discreta dicha, le reveló a Rainer María Rilke la esencia misma del reino de los Cielos:
No fregar pisos nunca más.»
Escribir no equivale a hacer poesía. La poesía no tiene forma definida, aunque podamos citar eternamente textos sublimes que hace tiempo conquistaron estatus poético. Hacer poesía es una expresión redundante o enfática. Sí es cierto que poesía es algo que también se hace con palabras, y tal vez haya poesía cuando eso que se hace parece rozarnos, nombrarnos. Cuando ese algo sucede, sentimos a la vez cierta extrañeza y familiaridad, como si nuestro padre o nuestra madre o un amor, o el amor, nos tomara de la mano para ayudarnos a constatar que existimos.
Tal vez la poesía no sea más que eso: el regreso esporádico de una intensidad perdida, que para hacerse patente y poder regresar, vuelve a partir. Tal vez por eso, siempre estamos en vilo con la poesía, en estado de vigilia.
Hemos vivido antes de nacer.
Hemos soñado antes de ser.
Hemos escuchado antes de oír.
Todo es precedente: nada nos pertenece del todo.
Concluyo con unas palabras que nacieron a raíz del texto Ave del paraíso, también del Primer ciclo de la sección Vita:
como el ave del paraíso
que no tiene patas o pies
la poesía sería ese discurso
que nunca se posa
que no descansa
que ni siquiera se plantea el deseo o la necesidad de tocar tierra árbol agua
palabra siempre en el aire
siempre al acecho
hay algo que jamás renuncia
inexpugnable misterio
inexpugnable belleza
siempre en fuga
la poesía
Juan López, Mendoza y Buenos Aires, diciembre de 2017.
* Texto leído en la presentación del libro, el jueves 7 de diciembre de 2017 en la ciudad de Buenos Aires.
El proyecto de una artista plástica que deviene poesía. Sobre el libro Refugios, de Milena Venturini (2023, Córdoba: Cielo Invertido Ediciones).
Umbral
Voluntad, vocación, búsqueda de belleza. Todas las personas tenemos, más o menos desarrolladas, estas capacidades, en todos los ámbitos, con todos los matices. Por qué buscar la belleza. Por qué, además, componer, en vez de horror y odio (tan cotidianos), mensajes y objetos de conciencia, paz, consuelo (a veces, tan escasos). Por qué ofrecer un refugio ante el desamparo, en el caso de esta obra, en el caos de la pandemia. La paradoja de encerrarnos para conservar la vida. De la soledad originaria que impuso el COVID-19 a un libro-proyecto-objeto que reúne los refugios que muchas personas debieron y pudieron levantar. Crear.
El libro, los libros, nacieron, y siguen naciendo, las más de las veces, para entregar belleza, sosiego y pensamiento. Los libros, transmisores de labores humanas, conservadores de memoria y andamios de todo futuro. Tenemos en Refugios a una autora, entonces, que confluye en una editorial especializada en fabricar objetos preciosos, lo que se dice crear, otra vez, belleza. Ocurre que hay gente que sigue pensando que a los libros los trae la cigüeña o que nacen de un repollo. Pues no, no existe autoría sin editor/a. Los libros no se escriben, los libros se editan y se publican. Y hay editoriales y editoriales. La tensión va de las horribles a las notables. En esta última estamos.
Sí, todo libro es un objeto, pero hay libros-objeto porque su factura es más expresiva, ostensiva, que la de los libros comunes. Llamamos libro común al que puede encontrarse amontonado junto a otros en la batea de un supermercado. Pero no, este libro tiene tapa dura, tela, título en bajorrelieve, la palabra Refugios, negro bajo negro y sobre negro. Lomo e interiores cosidos, guardas en tapas, contratapas y retiros, lo único en color de todo el objeto libro.
Textos pedidos por Instagram en plena pandemia, junto con fotos, que se transforman en grabados, y las palabras se vuelcan con tipos móviles: artesanías ancestrales, actualizadas. Todas estas, especialidades de la notable editorial cordobesa Cielo Invertido, de catálogo exquisito, que parece bautizar nada menos que Luis Alberto Spinetta (Cielo invertido, canción del disco Don Lucero (1989): «todo crece transparente desde el suelo/ Cielo invertido/ amarte así en silencio ayuda más»). Más técnica, la editorial describe la obra en su espacio de internet: «20 grabados y 20 afiches letterpress sobre los refugios en épocas de aislamiento. Tapas duras y enteladas, estampado bajorrelieve, encuadernación artesanal de Furia Ediciones». Las editoras responsables son Flavia Rojas y Dolores González Montbrun.
Apertura
Así se presenta Milena Venturini en la red: «Artista plástica y grabadora. Tengo un taller de grabado en el centro de Córdoba donde dicto clases e imprimo proyectos».
En el texto introductorio de Refugios, titulado Una reserva de vida, Gabriel F. Gutnisky consigna: «Las imágenes simples y despojadas de una mesa vacía, de una ventana con las cortinas cerradas, de una puerta entreabierta frente a una reja cerrada –entre otras– se “humanizaron”, hicieron ver al sujeto que estaba detrás de ellas, porque cobraron intensidad o sentido en su vulnerable aislación».
Intensidad. Todo el volumen exuda intensidad, pequeño formato, concentración de códigos, obra en colaboración, laborar con otros seres.
Sigue GFG: «Así los percibió Milena Venturini que, en una respuesta emocional a la información recibida, tomó y transformó esas fotos en dibujos esquematizados que luego caló con una trincheta (¿otro indicador de la ausencia?) y finalmente grabó mediante la técnica de la xilografía, condensando de esta manera un largo proceso de trabajo y entendimiento sensible que derivó en este libro».
En el segundo texto introductorio, titulado Mapa del habitar, Venturini –autora-facilitadora-diseñadora grabadora– señala: «Dos mil veinte, año Dos mil veinte. Año que modificó nuestras vidas profundamente debido a una crisis sanitaria sin precedentes. Marzo, Fase 1, noticias desoladoras, angustia, evidente, precariedad y aislamiento. (…) Dos mil veintidós. Así surge la idea de un libro como un artefacto de intimidad que consigue preservar, ya no virtual sino materialmente, un nuevo refugio, una casa hecha de papel, tinta, madera y tiempo. Un refugio para los refugios».
Didáctica, Venturini explica: «Utilizando la plataforma de Instagram, hice una invitación: sacar una foto del espacio que más habitaban y relatos que lo acompañaran. Para mi sorpresa, por día me llegaban muchos refugios de personas conocidas y desconocidas. Fue muy emocionante cómo este dispositivo generó las condiciones para que cada una de estas personas sienta la confianza para compartir algo que es íntimo: desde predisponerse a sacar la foto, pensar el lugar y ponerle palabras».
El círculo de la belleza se abre y contiene a las personas que construyen en grupo el refugio para la angustia, la pena y hasta el horror de la enfermedad voraz, la incertidumbre, el padecimiento, la muerte.
Algunos de los textos impresos con tipos móviles (letterpress), que en algunos casos devienen jaicus, en otros, aforismos y reflexiones. Leamos:
aparece la calma
junto al
rayo de luz
de la ventana
no
creo posible
pensar
la intimidad
sin lo público
un lugar
en el que ellos
no van a
estar
en la cara
donde me
pega el sol
en la cara
(dondemepegaelsol)
mirar la nada
en estos tiempos
es mirarse
adentro
mi lugarcito trinchera
mi rincón covacha
mi pedacito de espacio
cuarto propio
mi refugio
Cierre
El proyecto de Venturini, por obra y gracia de una idea unificadora y de la colaboración colectiva, deviene poesía. Recordamos a Nicanor Parra: «La poesía alcanza para todos».
Son fundamentales para entender este libro comunitario los agradecimientos de la autora: «Gracias a todas las personas que han sido parte de este proceso. Quienes generosamente compartieron un pedacito de su intimidad. Quienes brindaron su consentimiento para este libro. Quienes posaron sus miradas y se vieron reflejadas. Quienes acompañaron en conversaciones, algunas habladas y otras silenciosas. Gracias por el entre, el mientras, el durante. Gracias por los espacios que sostienen y abrigan el alma. Gracias por hacer mundo».
Nada más que agregar. Ahora deben buscar, tocar, leer, mirar, oler, sentir Refugios. Solo hay que escribir un correo y acordar pago y entrega. La invitación queda hecha. Hasta pronto.
Data
Refugios / Milena Venturini.
68 p.; 17 × 15 cm
ISBN 978-631-00-0482-2
Copyright 2023 de los grabados: Milena Venturini
Copyright 2023 de la edición: Cielo Invertido Ediciones. Responsable: Flavia Rojas y Dolores González Montbrun.
cieloinvertidoediciones@gmail.com
Esta obra se editó con el aporte parcial del Fondo Nacional de las Artes




El escritor bonaerense Simón Esain acaba de publicar dos nuevos títulos. Se trata de Club de velocidades, 2012-2012 (Buenos Aires, Ediciones La carta de Oliver, 2023), que en la tapa muestra el fragmento de una obra del artista José Pepe Otondo, de Chascomús. El otro poemario se titula Bardicias, 2009-2012 (Buenos Aires, Leviatán, 2023). En la portadilla, antecede al título la siglita bp que, sabemos, significa borradores permanentes.
Resumimos las solapas biográficas de ambos libros y consignamos: «Simón Esain nació en Maipú, plena pampa bonaerense, semanas después de Hiroshima. Pudo ir dos años a una escuelita rural. Tuvo que ir dos años a la Marina. Desde 1970 se radicó definitivamente en Chascomús. Escribió como pasatiempo íntimo hasta ya muy adulto. En 1987 concurrió a un taller literario a cargo de Pablo Ingberg, luego de lo cual trató de insistir en su afición con un poco más de seriedad. Participó de la experiencia de MAYA, y durante varios años estuvo a cargo de su taller literario, en el que se destacó Celeste Dieguez. Entre en 1989 y 1999 editó la revista artesanal La silla tibia, que llegaba a todo el país y a otros. Desde mediados de los 90 y hasta la actualidad ha publicado unos 13 poemarios y siguen inéditos otros 20 títulos. También conserva inédita su producción de prosa breve».

La imagen de la tapa del libro alude al título: una persona tocando un laúd o instrumento antiguo de cuerdas similar. Bardicias es lo que hacen los bardos, recitar o cantar acompañados de un instrumento. Según el diccionario de la Real Academia Española, un bardo es un «poeta heroico o lírico de cualquier época o país». Así que acá tenemos, en Chascomús, a nuestro bardo cantándole, esta vez, y otra vez, a la patria, o mejor dicho al mundo, pero a toda la patria y a todo el mundo, no solo a la de la laguna emblemática ni al círculo menor de los poetas. El bardo se vuelve a plantar y a decir lo que vino a decir. Esa es su tarea y ese es su destino y nos entrega versos como estos:
como lo asignado como lo pendiente
no podré darte el beso
que no querrás darme
te he elegido para que no me quieras
para que seas la última de todas
sobrevivo gracias a tu inapetencia
si vos no estás viva
debiera morirme
Algunos poemas de Bardicias se dirigen a un tú, que casi siempre es una mujer, como vimos en los versos citados. Pero priman en el volumen los versos en tercera persona, y eso quiere decir que pretenden más que los que se dirigen a otro u otra. Escribir en tercera persona es escribirles a todos:
todos nos tirábamos manotazos
dios hace alarde de ingenuidad en este cielo
su bondad de hace tanto daño
que me pregunto si no será mala
¿el lenguaje estará rebotando contra sí mismo?
¿nos estarán volviendo inmunes al sentido?
¿se volverán cáscaras las palabras?
¿o nunca volverán?
mi niño se perdió allí
en el campo
donde no había dónde perderse
Bardicias es un libro denso, abigarrado. La escritura de Esain se caracteriza por fundir la contemplación inmediata, sensual o crítica, con el registro de lo trascendente y la reflexión o pregunta sobre el lenguaje. No hay escritor/a que se precie que no se interrogue sobre el lenguaje. Nuestro bardo lo hace una y otra vez en cada poemario y nos vuelve a entregar su singular mirada.

Así como en la portadilla de Bardicias figura la leyenda bp, borradores permanentes, que Esain utiliza en varios de sus libros, en Club de velocidades la inscripción es pJ, que, sabemos, significa ponele Juan.
En este volumen se suceden textos de registro y lenguaje inmediato, coloquial, con versos tipo fluir de la conciencia: enumeraciones metafóricas o conceptuales, imágenes que se suceden con causalidad azarosa a veces. Y aparece, insistente, la primera persona. Nada más difícil, pienso, que llegar a la poesía por el yo. Leamos:
debiera estar muerto para pensar así
debe haberme aplastado una pared caliente
me duele y el paredón me recorre
huelo a cancha de fútbol, bajo el sol
afiches anarquistas pegados de apuro
y mi cuerpo sigue vistiendo de estricto rechazo
Como puede verse y leerse, los versos de Esain trabaja, como proponía Eliot, con todo tipo de experiencia. Y adentrarse en sus composiciones supone abrirse a esa experiencia. Finalizamos estas notas con dos fragmentos más:
no voy a mostrarse mi cuerpo
voy a mostrarles dónde estuvo
donde ya no está / donde pasó
sillas veredas escaleras y hasta un cajoncito
donde solía sentarme
porque mi cuerpo sigue en su frontera
en lucha contra el tiempo caníbal
(…)
a las cuatro lidié unos versos y
a las cinco me tranquilizaron
sería el colmo que recordara
a qué hora me dormí del todo
fabricábamos esta calma con
la que ha amanecido
fue lo que pasó hoy
a toda velocidad
sin otros rastros
J. L., diciembre de 2023.
Ofrecemos a continuación fragmentos de la sección Pensando (prosa), del libro de Amado Nervo El arquero divino (1946). La Plata: Editorial Calomino. Se destacan las palabras del poeta mexicano contra Walt Whitman. Pero no nos quedemos en esto: otros muchos fragmentos son superlativos. Buen viaje.
… «La potencia de mi raza, la más grande de las razas» –dice Whitman–. Lo propio pensaron o dijeron los megalómanos de todos los grandes imperios que, después de unos instantes de brillo, de dominación y de injusticia, volvieron a la nada de donde habían nacido.
*
Whitman: enumeraciones;
Glosolalia infantil;
Megalomanía.
Ojos de niño sorprendidos.
(Circulación superficial de la sangre, hija de la parálisis latente, y que da el contentamiento de sí mismo).
¡Vete, viejo vanidoso, pavo de Manhattan!
Prefiero el misterio enorme y sutil que se estremece en las páginas de Poe.

*
El automóvil, una de las más bellas conquistas modernas, sólo ha servido hasta hoy para que los imbéciles vayan deprisa.
*
Lo que nos hace sufrir nunca es «una tontería»… puesto que nos hace sufrir.
*
Todas las cosas llegan, le hacen a uno daño y se van.
*
EN TODO
Yo en todo encarno ideal.
Para mi sed inmortal
todo beso es eucarístico,
y pongo un impulso místico
hasta en el amor sexual.
*
Derrotado siempre y abatido nunca,
yo, con sueños rotos, labro un ideal.
*
Mi dinero es de todos; pero mi tiempo, no.
*
Me causa tedio a veces hablar con ciertos jóvenes intelectuales, porque no veo en ellos sino la repetición más o menos exacta, según su calidad mental, de lo que yo pensé, creí o amé en otra época. Es como leer un libro que nos cautivó hace muchos años y que hoy nos hace bostezar.
*
El reptil misterioso, cataléptico por excelencia, es la perfecta imagen del éxtasis.
*
Vive y medra un poco más, nulidad vanidosa. Ya vendrá la muerte y te borrará de la escena del mundo como un niño borra un cero de un pizarrón.
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El rico os pide un servicio y aún pretende que le estéis agradecido.
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El viento no sabe toda la gratitud que le tienen las mujeres honradas cuyas piernas son bonitas.
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No hay reposo más grande que el de no esperar nada.
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Cada amigo es el eslabón de una cadena. El hombre de sociedad es el más lamentable esclavo moderno.
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El colmo de la sinceridad en un literato soporífero: dormirse leyendo su propia obra.
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Los maldicientes tienen la epidermis más delicada que sus víctimas. Su mayo castigo suele ser enterarse de lo que dicen de ellos.
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La evolución espiritual va de la inconsciencia al éxtasis, a través del dolor.
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La conciencia del ridículo suele ser más molesta que la conciencia del pecado.
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Para saber quién eres, necesitas morir.
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Querer aun cuando no te quieran; querer ¿no es ya por ventura un fin, una plenitud?
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El que no quiere andar con los hombres tiene que habérselas con los fantasmas interiores, que intentarán devorarle en soledad. Pero si los vence es un dios.
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Nuestra moral no está edificada sino sobre los sillares de nuestra malicia.
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Lo imprevisto constituye la nobleza de la vida y trae la misteriosa marca de origen de lo invisible.
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El miedo no es más que un deseo al revés.
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Yo me he vengado del desconsuelo de mi vida, consolando a los otros.
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La conciencia debía ser voluntaria, como el cerrar los ojos: así en los momentos angustiosos de la vida, cabría el recurso de perderla.
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Dios no se para ni disocia amores: los junta y aprieta más.
Hemos de fundirnos un día en el abismo infinito de su esencia; pero hemos de fundirnos abrazados a todos los que amamos en el largo camino de la evolución.
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Un pueblo es tanto más culto cuanto mejor aprecia loss matices y semitonos de la vida. Los pueblos incultos aman los colores fundamentales, y en su lenguaje rara vez emplean el subjuntivo. Afirman rotundamente; son amigos del sarcasmo y no aprecian la tenuidad de la ironía.
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En todo paisaje de la naturaleza, aun en el más opulento, aun en el más luminoso, hay un inmenso fondo de melancolía. Como si el mundo material estuviese triste por la carencia de algo misterioso que no nos es dado comprender.
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En cuanto nos sentimos incapaces del menor altruismo, nos volvemos escépticos y, si se ofrece, ateos, para tener el derecho de rebajar a Dios y a los hombres al nivel de nuestra miseria y de nuestra nada.
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La pasión amorosa más grande no resiste a tres meses de comidas sin invitados, so pena de romper mucha vajilla, o de estar cuanto menos a cada paso en peligro de romperla. Los amigos invitados son verdaderos aisladores de porcelana entre electricidades contrarias.
*
Si la naturaleza no tardase siete años, poco más o menos, en traernos a la conciencia del mundo visible, sino que de pronto nos mostrase su espectáculo, nos moriríamos de asombro: de tal suerte la vida es maravillosa.
*
Véngate del mundo siendo mejor que el mundo. ¿Dices que en el mundo reina la crueldad? Pues sé tú piadoso. ¿Dices que impera la fuerza bruta? Pues respeta tú a los débiles. ¿Dices que la injusticia hiere a los buenos? Pues tú sé justo hasta con los malos. ¿Afirmas que en un planeta donde acontecen tantos horrores no es posible encontrar la huella de Dios? Pues que esa huella se encuentre en tu espíritu y en tu corazón: te aseguro que basta y sobra.
*
Un lobo, un tigre, después de hartos, dejan los restos para sus compañeros. Sólo el hombre, después de harto, niega lo que le sobre a un hermano y lo deja morir de hambre a las puertas de su despensa. Esta actitud es privativamente humana.
*
En el amor la mitad del pecado es del hombre y la otra mitad es de los dioses. Por eso se perdona a los que han amado mucho.
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No sólo la aproximación de los grandes dolores, también la aproximación de los grandes placeres da miedo. En el umbral de un gran placer no probado, el alma se encoge temblorosa.

Amado Nervo (México, 1870-Uruguay, 1919).

Fragmento de la charla «Sentido de la biblioteca actual», por Roberto Juarroz. Costa Rica, 1974.

«La biblioteca actual es todo lo contrario de un lujo. No es algo superfluo que la sociedad crea o sostiene, y a veces también ignora un poco en su seno, sino que es un elemento o un factor de primera necesidad. Nos atreveríamos entonces, como primera idea para esa primera imagen, ese perfil que usted nos ha pedido, quizá, a señalar que hay que terminar de comprender que la biblioteca es un servicio social, a la par de otros a los cuales suele prestarse prioridad y mayor atención, como pueden ser, por ejemplo, los problemas de salud y tantos otros. Es interesante, me parece, señalar que la biblioteca actual es además una institución al servicio activo y dinámico de todo proceso de desarrollo. Y entendemos aquí el concepto o la idea de desarrollo como la integración de todos los factores que coinciden para permitir una mejor forma o un mejor nivel de vida para un pueblo o una sociedad. Creo que esto nos lleva a algo que es muy importante señalar desde el comienzo –y los apreciados compañeros de esta mesa luego dirán si coinciden con esto– y es entender que todo aquello que se dedica al sostenimiento de las bibliotecas constituye no un simple gasto de consumo sino una real inversión de capital.
«Yo creo, y lo planteo para conversarlo y para dialogarlo, que entonces esta noción de servicio social es clave. O sea, da respuesta a una concreta necesidad, a una imprescindible necesidad de desarrollo en todos los aspectos. Podríamos agregar luego, y yo lo planteo simplemente, como tópico, digamos, incitador para el diálogo y la conversación, la noción de dinamismo o agresividad, que es todo lo contrario a lo que se entendía hace algunas décadas por biblioteca. Entonces más bien se concebía la biblioteca como un repositorio, como una especie de santuario y en algunos casos como una especie de mausoleo, se ha dicho… y hoy, en cambio, entendemos a la biblioteca como una gran apertura, como una gran actividad, como todo lo contrario de guardar, como un instituto de difusión, que sobre todo en el plano educativo, es importante señalar y se lo ha dicho en tantos congresos y se lo ha repetido –pero no termina de entenderse– el hecho de que es en realidad la única institución educativa sin término.
«Yo agregaría esto: aquello que alguna vez señaló la Unesco en uno de sus manifiestos, de que la biblioteca es en la actualidad –y sobre todo la biblioteca pública, por supuesto– la universidad del pueblo. Esto podemos afinarlo un poco como una de las funciones de la biblioteca Y yo quisiera señalar simplemente como último aspecto de este perfil actual de la biblioteca como algo tan vivo y tan dinámico y tan penetrado de la idea de servicio, la noción de sistema o de organización, que también caracteriza a la evolución de las bibliotecas en los últimos años, porque ya no constituyen simplemente una respuesta más o menos romántica, más o menos efusiva, sino justamente una organización y un sistema».
Fragmento de la charla titulada «Sentido de la biblioteca actual», emitida en la Radio Universidad de Costa Rica, con la participación de Efraim Rojas, Nelly Kopper y Roberto Juarroz, en mayo de 1974.
Audios completos en http://repositorio.filo.uba.ar/handle/filodigital/15418
Fuente: Repositorio Institucional de la Facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires: http://repositorio.filo.uba.ar/
Comentario al libro Ceros a la izquierda: poemas sobre el servicio militar, de Aristóbulo Echegaray, Buenos Aires, 1932.

«Este libro se terminó de imprimir en los Talleres Gráficos Editorial “Lito” el día 25 de Mayo de 1932 para la Biblioteca P.A.C.». Eso dice el colofón del libro Ceros a la izquierda: poemas sobre el servicio militar, de Aristóbulo Echegaray. Arte de tapa de José Sebastián Tallón. La sigla PAC significa Poetas Argentinos Contemporáneos.
Digamos, para entrar en tema, que Aristóbulo Echegaray nació en 1904 y murió en 1986 en Buenos Aires. Fue amigo, entre otros autores más conocidos, de Álvaro Yunque (ver https://academiaargentinadelij.org/Revistas/30/Nota6-Miradas-y-Voces-de-la-LIJ30.pdf). «Perteneció y fue parte fundamental del Grupo Boedo y realizó una obra realista, de preocupación social», señala un sitio de internet. Pero vamos al libro, que ya es 25 de mayo.
En las páginas preliminares, un extenso epígrafe señala:
DON MIGUEL DE UNAMUNO, ESCRIBIÓ:
A Aristóbulo Echegaray –por el apellido saco que es de mi raza– díganle que aunque ya no se queme al que se niegue que bajo los accidentes del pan y del vino de la consagración eucarística está la sustancia y sangre de Jesucristo, se llegará a fusilar al que niegue que bajo los accidentes del tejido y teñido de la bandera está la sustancia del cuerpo y sangre de la patria, pues que la inquisición nacionalista pretoriana es cien veces más abominable que la clerical.
Desde Hendaya (Francia) el 5/9/27, en una carta a Pedro Juan Vignale y César Tiempo.
Hecho curioso: estamos llegando a un nuevo aniversario de la Revolución de Mayo y nos topamos con un libro publicado en 1932 e impreso el 25 de mayo, que habla de la patria no muy devotamente. Se trata de una puesta en acción del clásico motivo de «las armas y las letras», que nace con la literatura cortesana europea y adquiere en el Renacimiento presencia especial. Recordemos si no el Quijote y su constante asunción de la importancia (loca, eso sí, es decir, artística) de defender con la espada los ideales caballerescos.
Ha pasado mucho tiempo, pero encontraremos en este poemario un despliegue «actual» del conflicto que supone a un escritor, a un poeta, tomar las armas (el poeta soldado). Claro que esta vez de modo ficticio, ya que en el servicio militar no se hace la guerra sino que se la imagina, se la supone, se la representa.
Imaginemos entonces al joven escritor Aristóbulo Echegaray haciendo versos sobre su experiencia en el servicio militar. Antes que nada, la dedicatoria a sus iguales:
«Dedico:
«A los muchachos de la 6ª batería del regimiento I de Artillería Montada del año 1925 y al poeta César Tiempo, en afirmación de una amistad “que nos acercó ayer, nos une hoy y no nos separará jamás”.»
Buen recurso del autor para vincular a los «muchachos» con la poesía, al incluir en la dedicatoria a su amigo poeta César Tiempo.
En lo que el índice anuncia como «Motivo», página 13, podemos leer, con el título «Razón»:
El tiempo que nos lleva del presente
adormece la angustia en el olvido:
Quiere vencer al tiempo mi angustiada impotencia
y levanta este grito.
Que diez meses vibrando dentro de un libro de versos,
ya son más que una sombra en el recuerdo.
El autor nos anuncia pues el motivo del libro, y lo podemos imaginar en dos escenarios: como colimba, conscripto, diez meses de servicio militar, escribiendo versos, y como escritor, años o tiempo después, escribiendo más versos y dando forma a un poemario, que luego será libro. Libro que se anuncia como un grito.
El libro se estructura en tres partes: Primera tanda: Cuartel (28 poemas); Segunda tanda: Maniobras (15 poemas); Tercera tanda: Otros poemas del poeta conscripto (5 poemas).
Sigamos leyendo y escuchando al poeta:
Dejar ensueños, dignidad, cerebro,
como una cosa inútil extramuros,
y acatar manso este pensar en nada
y este tirar los días al absurdo!
La disciplina es una prostituta de rango.
Desfiles que abrillantan 25 de mayos,
patrióticos discursos de épocas escolares.
Un montón de ilusiones y sueños de muchacho
se me fue por el agua de un zanjón de desagüe.
Su hoja no tiene filo, vale decir: coraje;
no ha vivido poemas ni ganado batallas.
Mi cobardía que sostiene un máuser.
Un capitán que ensucia unas palabras,
tiros que despedazan el silencio,
blancos a la distancia,
y un letrero anacrónico que insulta:
«Aquí se aprende a defender la Patria».
Aparecen también alusiones anarquistas. En «Poema del sol de la bandera», la voz se compadece del sol de la bandera y le imagina un destino más digno que desteñirse con el tiempo:
Ya no tiene esperanzas, mas tiene una Esperanza:
que unos hombres valientes se levanten un día
y le den una muerte digna de un sol:
Las llamas.
La ironía también se hace presente en el poemario:
Compañeros poetas, que esta noche en la urbe
charláis junto a una mesa de café:
podéis vivir tranquilos
que yo os cuido la patria pasablemente bien:
–El machete sin filo, la pistolera hueca–
aquí en la puerta del cuartel.
Me duele ese soldado que retó el capitán,
por no salir, nadaban en sus ojos las lágrimas.
–¡Animal! ¡Cuerpo a tierra!
Si vistiera de hombre su mano justiciera
rompería a este títere la jeta de cretino.
Yo estrangulo mis gritos. Unos gritos salvajes;
unos gritos enormes que se van para adentro!
Pero estos versos son el eco
de aquel silencio de mi rabia.
Vemos entonces cómo la poesía nace del silencio, de haberse callado muchas veces pero no poder seguir callado. Como sugiere Antonio Porchia: «Digo lo que digo porque me ha vencido lo que digo».
No transcribiré un poema dedicado a un suboficial solitario y alcohólico (p. 41), ni a un sargento al que compara con un perro («nació perro y de perro vivirá siempre») (p.43), ni la alusión de la imposibilidad de pensar de un capitán y, por extensión, de un militar.
Con cada poema, el libro suma intensidad. Se mete ahora Echegaray con un soldado muerto a causa de abusos:
Eras magro de carnes y de espíritu:
Un Eldorado para abusadores,
y por eso trabajos y castigos
fueron dobles siameses de tus horas.
Varios poemas podrían ser, tranquilamente, letras de tangos:
Corazones vacíos, los patios del cuartel.
Como una rubia, rubio de sol este domingo.
Florecen en la guardia visitas para otros.
Un silencio implacable se retoba en hastío.
Y no faltan tampoco las formas muy breves:
Espectro deambulante, pasa el imaginaria.
Buenos Aires, mujeres, cafés… ¿Para qué cosas
podremos ser un día útiles los conscriptos?
El poemas «Veinticinco de mayo» vuelve a ironizar, a costa de la distancia entre la actuación o el ritual militar y la realidad:
–Esos de pelo largo: al calabozo… ¡Marchen!
¡Y hoy gritábamos fuerte los cantos de la patria!
Al llegar la primavera, el soldado-poeta rasquetea a un caballo y sueña despierto:
Pasa el sargento:
–¿Qué hace? Pase bien la rasqueta.
Tiene los dientes negros y la mirada torva.
Yo nací en primavera y amo la primavera.
(A, si Vd., mi sargento, supiera de estas cosas!)
Sigue soñando el poeta conscripto, ahora en dísticos:
A las caballerizas, a recoger estiércol.
En el trabajo odioso se hace macho mi ensueño.
Algún día, con estos mismos cepillos sucios,
hermanos, barreremos el estiércol del mundo.
La Segunda tanda, titulada «Maniobras», está fechada en la primavera en las sierras de Córdoba, 1925.
¡Ser soldado aquí, en medio de la naturaleza!
¡Hacer humo de pólvora y asfixiar al silencio
por jugar a la guerra!
Los estampidos vuelan, bajo el cielo polífono,
cabalgando en los rayos de este sol de verano.
Estallan las granadas en los campos desiertos.
¡Desiertos¡ ¿Y la oruga, y el ave, y el lagarto?
En el pueblo donde el regimiento realiza las maniobras, los vecinos observan a los soldados, y el poeta lanza:
Miran pasar las tropas de la patria
que les traen visiones –en qué vida entrevistas?
de epopeyas heroicas que, no saben,
despreciamos los hombres de estos días.
Viejecitas rugosas como aradas senaras,
hombres de ojos rasgados y el cantar en la voz:
¿Qué dirías si, como venimos ahora mansos;
viniéramos un día con la revolución?
Al esbozo anarquista señalado se agregan las ideas pacifistas. No todas son críticas negativas a lo militar, pero el poeta no se queda en la superficie y sabe diferenciar entre la persona y su tiempo. Sin abandonar su desprecio por la guerra, no deja de señalar el valor de los combatientes. En “Palabras a un capitán aviador”, se puede leer:
Capitán de los ojos de pájaro, tus ojos
¿cuántas veces han visto la muerte en los caminos,
en los altos caminos del cielo nubiloso?
Te alejas de los hombres con tu atuendo guerrero,
¿no temes que en la altura te distancie de Dios?
Los aviones de guerra deben manchar el cielo…
Y hay algo más que un simple comentario en mi voz.
Quien haya pasado la experiencia del servicio militar sabrá del absurdo y el padecimiento de la guardia imaginaria: soledad, frío, inutilidad (ceros a la izquierda). Pese a lo cual la voz poética no deja de elevarse:
De guardia, nada guardo: los campos y los hombres
y las bestias se agobian bajo el frío serrano.
El lomo de las carpas sufre de filo al cielo.
Cobarde, mi machete tiritará en la vaina.
Jugamos a la guerra. Campamento. Alta noche.
Alarma de granadas las estrellas fugaces.
Vemos caer el agua y el tiempo… En estos campos
erizados de sierras, yertos de soledad.
Capitanes, soldados…
¿Quién no se siente menos que una miga de pan?
La música, y en esta ocasión el tango, servirá de compañía y consuelo. En el poema «Al soldado que cantaba tangos», leemos:
Amabas como pocos tus barriadas del sud,
–Piñeyro, Puente Alsina, Barracas– por las noches
los tangos se mellaban en tu dicción sin aulas
pero que nos llenaba las almas de suburbio.
En «Manifiesto», la voz poética retoma el antibelicismo:
Nos han puesto en la mano –peligrosas– las armas
y ¿para qué tenemos las armas en la mano?
En la Tercera tanda, algunas de las formas poéticas se vuelven más breves: menos versos de menos sílabas, o al menos no todos de arte mayor –14 sílabas–, como en la mayoría del poemario hasta estos momentos finales. En «Variaciones de un domingo de franco», el servicio militar y el libro van llegando a su fin. La vacuidad de diez meses entre paréntesis, que se hace patente ante la cercanía del fin del servicio, se torna dramática: el soldado tira al poeta para atrás:
Alzar en cada esquina
si no un centavo, un verso.
Sentir que los bolsillos no tienen otro objeto
que apresarnos las manos para que no se escapen
llevando un alarido de desesperación.
¡Irremediable ausencia de proyectos!
¡Si algún burgués me tropezara
y pudiera enredarme a puñetazos!
Me dejó triste esta mujer. Tenía
una desolación rara en los ojos.
Desolación de patio cuartelero.
Pude gozar mi franco entre sus brazos.
Quise encontrar un beso en su mirada
y (¡Oh, patio de cuartel en día domingo!)
me destrozó el domingo su mirada.
Notable cómo la mirada del soldado se mezcla con la del poeta, a quien le resulta imposible desprenderse de la experiencia militar, y deja también lugar a un humor muy sutil:
Un restaurante de ínfima categoría,
un restaurante donde moriría,
la más sana alegría.
Solo, junto a una mesa,
–una copa de vino, una buseca–.
Pienso que el patrón tiene un cara perfecta
de sargento primero
y lo comparo a nuestro cantinero
y, a juzgar por el vino y la buseca,
concluyo que son dignas una de la otra bestia.
El libro termina como termina el servicio militar, con el anuncio de las bajas, y con el «Poema de la última tarde»:
Mañana. Ahora eso es todo, compañeros: mañana.
Angustias y rencores queden a nuestra espalda;
de cara al sol y al viento vámonos por la vida;
Se abren ante nosotros las sendas y los días.
El libro comentado puede encontrarse en bibliotecas públicas. Tuve noticia de Aristóbulo Echegaray averiguando datos sobre otros escritores. Ingresé al buscador del sistema de documentación de la UNCuyo (https://sid.uncu.edu.ar/sid/) y lo encontré. Lo pedí en préstamo una semana. Cuando me lo entregaron estaba sin guillotinar, es decir, nadie lo había leído hasta ahora. Su estado es bastante precario: las hojas se han amarronado con el tiempo y tienen manchas producto de la humedad y de la falta de lectura, como puede verse en la imagen del colofón. Y sí, un libro que nunca fue abierto se enferma. Pero alguien, algún/a bibliotecario/a, esos seres únicos y esenciales, lo restauró pegándole un cartón en el lomo. También se lo puede consultar en la Biblioteca San Martín de la Ciudad de Mendoza, donde además hay otras obras de Echegaray: https://bibliotecageneralsanmartin.com.ar/catalogo/
En la Biblioteca Nacional Mariano Moreno existen muchos libros de Echegaray autor y también editor. Y trabajos sobre su obra.
Algunas otras obras del autor:
Poeta empleadillo, versos, 1926.
24 poemas para una muchacha querida, 1928.
Cinco pesos poca plata, 1944.
Antología de cuentos búlgaros, 1961.
El nudo desatado, poemas, 1950.
Don Segundo Sombra : Reminiscencia infantil de Ricardo Güiraldes, ensayo, 1955.
El prestamista y el pistolero, 1975.
J. L., Mendoza, mayo de 2024.

